Amor en Tiempos de Guerra Condenado a Concluir en Lagrimas
Esa mañana él entró en su oficina, ella ya estaba esperándolo. Se levantó al verlo acercarse y, al estrecharse la mano, su apretón fue firme, inmediatamente comendaba seguridad. Ella le dijo su nombre presentándose. Tenía el pelo rubio con destellos rojizos, trenzada con pulcritud hasta sus caderas. Los ojos verde grisáceos reflejaban inteligencia y desafío. No llevaba maquillaje, vestía una falda larga azul y una blusa blanca bordada al estilo tradicional local. Su impecable castellano lo sorprendió, claro, pausado, con un ligero acento que solo podía ser que lo había aprendido en España y muy joven. Por un breve instante, guardó silencio, entre la admiración y la compostura profesional. Luego, recuperando la voz, preguntó: "Bienvenida. ¿En qué puedo servirle?". Ella esbozó una pequeña sonrisa cómplice, entre divertida y desafío e inicio a contarle su historia. Explicándole que era trabajadora voluntaria con un grupo de extranjeros que ayudaban a sobrevivientes del terremot...