Dos hermanas que no fueron

Mis abuelos, los padres de mi mamá, Miguel Enrique y Ana Virginia, contrajeron matrimonio en 1923, después de dos años de cortejo. El 18 de julio de 1928 nacería su primera y única hija Ana Ella Girón Quinteros. Mi mamá fue la única sobreviviente de los cuatro hijos que el matrimonio procreó.  

Lola Soto, trabajaba para la pareja como ama de llaves y empleada de confianza y quien había sido la doncella de confianza de mi abuela cuando aún era soltera.  Lola, había asistido al nacimiento de muchos de sus hermanos, actuó como partera en todos los nacimientos en la casa de los Girón Quinteros. 

Leticia a quien todo el mundo llamaba Ticha, su hermana menor vivía con Lola para aliviar un poco las necesidades económicas de su familia, tendría, unos 6 o 7 años y recuerda haber oído los primeros llantos de la recién nacida. El trabajo de Ticha era una función importante en la casa. Pues con el tiempo sería la dama de compañía de mi mamá. 

Las historias del nacimiento de Ana Ella contadas, años después, por de su propia madre confirmaron que quién actuó como partera había sido Lola. Aunque ese detalle no consta en el acta de nacimiento del registro civil. 

Los Girón Quinteros eran pequeños empresarios y formaban parte del liderazgo del pueblo. Miguel Enrique, había sido un famoso futbolista, el guardameta estrella del equipo local, el “Chinameca Sporting Club” que al inicio del siglo XX era de la primera división del país.

También era el propietario de la única imprenta de la ciudad. La familia fue propietaria de la primera sala de cine en el pueblo. Además, eran propietarios de dos parcelas agrícolas una pequeña terreno frutícola en el cantón las mezas y una finca cafetalera en el cerro el Limbo o volcán Chinameca. Mi abuela continuaba con el negocia de hacer flores y ropa que su madre había iniciado. 

La imprenta operaba en una de las salas de la casa, mientras el almacenamiento de papel y la maquinaria grande como la guillotina de papel y la máquina de impresión principal estaban en las bodegas que en un tiempo habían sido las caballerizas.  

En los años veinte y treinta había muy poca contaminación de luminosidad y las noches eran suficientemente obscuras para disfrutar de películas en los espacios abiertos, una práctica común en los países tropicales.

El cine era una empresa familiar. La imprenta imprimía los billetes, carteles y publicidad. Fernando (Nandata) el joven acomodador era ahijado de los Girón Quinteros. Emilio (don Milo), un amigo de la familia era el proyeccionista y traductor de los subtítulos en inglés de las películas mudas narrándolas en castellano para el público. Mi abuela la taquillera y recaudadora de dinero, trabajo que mi mamá haría después. La imprenta y el teatro fueron una innovación en Chinameca. Las películas inicialmente mudas pronto fueron sustituidas por películas sonoras. 

Mi madre crecería en una familia relativamente feliz. Su primera amiga de juego sería Ticha, la hermana menor de Lola. Ticha sería su más cercana relación en los primeros años de su vida.

Leticia Soto (Ticha) 

Ticha tendría unos 4 o 5 años cuando llegó a casa de los Girón Quinteros.  

Ticha creció con Ana Ella como si fueran hermanas, siendo unos años mayor era quien la cuidaba, vistiéndola, atendiendo a sus necesidades básicas.

Ticha y Ana Ella crecieron juntas jugando y participando en actividades sociales y religiosas. En representaciones teatrales locales denominadas “veladas”. Ticha y Ana Ella eran inseparables excepto a la hora de comer, Ana Ella comía en el comedor. Ticha comía en la mesa de la cocina con su hermana y el resto del personal de la casa. Algo que parecía no extrañarle a nadie.

Llegó el momento en que la hija de Don Miguel Enrique y Doña Virginia sería presentada en sociedad. Ese no fue el caso de Ticha, quien pronto descubrió que, después de todo, no tenía los mismos derechos. Todos sabían que, excepto Ticha, que para entonces era una atractiva joven.  

En algún momento de esos años, a Lola la hermana mayor de Ticha, le habían diagnosticado cáncer de estómago y estaba muriendo. Lola quien había vivido en la casa de sus empleadores desde que tenía 12 años, a su edad, poco más de cuarenta años no tenía esposo ni hijos propios, solo su hermana Ticha.

Ticha, no tenía relaciones que no estuvieran asociadas con los empleadores de su hermana, donde había vivido desde su tierna infancia. Para cuando Lola murió, Ticha quedó sola.

Aun cuando, desde temprana edad había tenido responsabilidades, estas eran, primeramente, como ayuda de Ana Ella. Sin embargo, desde los 15 años sus responsabilidades comenzaron, a ser mayores como una de las empleadas domésticas en el hogar donde había crecido. 

Ticha no era Lola, su disciplina no era la misma que la de Lola. Siendo una atractiva joven atraía la atención de trabajadores y visitantes de la casa. Más de una vez fue pillada por mi abuela platicando, demasiado cerca, con peones de la finca o trabajadores. 

Ticha conoció a su futuro compañero, mientras hacía compras en el mercado. Los enamorados luego de algunas reuniones secretas estuvieron de acuerdo con irse juntos. Él trabajaba construyendo carreteras, era los años cuarenta y el proceso de modernización de carreteras del país estaba en su apogeo.

La carretera Panamericana, también llamada ruta Panamericana o simplemente la Panamericana, es un sistema de carreteras, de 17848 km de largo, que vincula a casi todos los países del continente americano con un tramo unido de carretera, excepto aproximadamente 130 kilómetros en la región del Darién entre Colombia y Panamá. 

El tramo que cruza El Salvador fue construido entre 1940 y 1959. El país construía también la extensión que conducía a Ciudad Barrios carretera subsidiaria de la Panamericana, la ruta principal a la cabecera departamental de Morazán.

Mientras él trabajaba en la construcción Ticha confeccionaba dulces caseros y flores de papel que vendía en los mercados de los poblados locales. 

Durante sus muchos viajes a los poblados, cantones y caseríos del noroeste, Ticha inicio su aprendizaje como curandera, y aprendiz de curandera. Dentro del aprendizaje incluía hierbas curativas y a leer de las estrellas para orientarse al caminar de noche.

Su negocio de dulces y flores le dio cierta independencia económica. Desgraciadamente, en una historia que es demasiado común, el hombre en su vida se volvió abusivo, por lo que Ticha decidió que lo mejor que podía hacer era dejarlo. Ticha, estaba embarazada, lo abandonó logrando que algunas mujeres con las que aprendía los secretos de la tierra la escondieran mientras daba a luz su hija.

Sola, con una recién nacida y en un lugar desconocido cerca de Ciudad Barrios en la frontera con Honduras. Decidió que lo mejor para ella era volver donde la única familia que conocía. Siendo una mujer fuerte y sabia, Ticha tomó a su bebé y comenzó su viaje de regreso a Chinameca.

En su camino a pie por la selva salvadoreña, la noche la encontró en al camino. Ticha trepó a un árbol y se ató a una de las ramas altas con el bebé, en un portabebés improvisado a su espalda. Mientras se preparaba para descansar. Se dio cuenta de que había animales gruñendo y paseando por el suelo asediándola. Las Onzas (Pumas Centroamericanos) no la dejaron dormir porque podían trepar al árbol. Por lo que para protegerse y a su bebé corto una rama del árbol donde se refugiaba y con esta golpeaba los felinos tratando de alcanzarla. A la mañana siguiente, los animales se habían dado por vencidos. 

Ticha regresó a la casa de los Girón Quinteros con Miriam. El arribo no fue exactamente lo que ella esperaba. Aunque fue bienvenida en la casa, se le impusieron condiciones. Tendría que trabajar como empleada. La segunda condición presentaba un reto diferente. Los Girón Quintero, tomaron a Miriam como "hija de crianza". La hija de crianza es una figura que describe más o menos la relación entre un niño y sus padrinos. Aunque mi abuelos se convirtieron en los padrinos de la niña. La relación no era de padres ni de padres adoptivos.

Miriam, llamó Nino y Yiya, a mis abuelos. Los nombres que la niña les dio eran una distorsión de padrino y madrina. Ella llamaría a su propia madre Ticha como el resto de los que vivíamos en la casa.

En 1962 o 63 cuando yo tendría unos 6 o 7 años alguien llevó a mi hermana y a mí a ver a Ticha que estaba en una pequeña casa en cerca del cantón las mezas. 

Era una choza de paja donde vivía de la familia natural de Ticha. Al entrar a la choza estaba Ticha reposando en la única cama en el lugar, con ella estaba una bebé recién nacida, pronto aprendieron se llamaba, Sandra Patricia (Patty). Patty es la segunda hija de Ticha, su concepción es tanto o más secreta que la de Miriam. 

Los niños supimos que estábamos ahí para ser nombrados padrinos de la recién nacida. 

Un hombre que mostraba liderazgo explicó que él era catequista y estaba ahí para asegurarse que la recién nacida tuviese protección divina. El hombre ungió a la niña con algo, y nos preguntó, a los niños visitantes, si aceptamos ser los padrinos de la recién nacida.

Luego de la ceremonia hubo una celebración con atol de elote, tamales de gallina y tortillas con queso fresco.  Los presentes salieron a celebrar al patio de la choza donde vecinos y amigos se congregaban. 

La choza no se diferenciaba de cualquier otra familia del campo es una pequeña estructura con piso de tierra, paredes de barro (bahareque), techo de paja, una estufa de leña hecha de barro (el humo se filtra por la varilla de paja). Era un lugar oscuro. La cosa de una habitación servía de dormitorio a todos los miembros de la familia que la habitan. 

En 1969 Cuando mis padres, decidieron mover la familia de Chinameca a San Salvador, mi abuela, para entonces viuda, le pidió a mi mama que se llevara con nosotros a Miriam. 

Nadie le consultó a la joven o le pidió opinión a Ticha, quien para entonces trabajaba como empleada doméstica en San Salvador. Trabajo que no era fácil de mantener pues siempre tenía con ella a su hija menos. 

Miriam vivió con nosotros por un par de años. En busca de independencia y quizás de aventura, aseguró un trabajo en Costa Rica donde emigro y luego de trabajar por un año decidió, como muchos centroamericanos emigrar a Estados Unidos. Su historia, tiene un final feliz en EE. UU. conoció a su esposo y es hoy madre y abuela.

En algún momento al inicio de los años setenta. Mi mamá recibió noticias de que Ticha tenía una crisis mental. 

Luego de ser estabilizada en el hospital Rosales, Ticha fue internada en el hospital psiquiátrico de San Salvador y durante su estancia le aplicaron descargas eléctricas tratamiento usual de la época para personas que sufren trastornos mentales.

Al momento de escribir estos recuerdos me pregunto si realmente fue demencia o simplemente una tristeza traumática por una vida de sufrimiento combinada con la menopausia. Lo que puedo testificar es que por primera vez fui testigo del trauma de quienes padecen su salud mental. Si el concepto de "hijo de crianza" es medieval, también lo era el tratamiento psiquiátrico de la época.

Para entonces nuestra familia había perdido todo el estatus y las comodidades que habíamos disfrutado en años anteriores. 

Esos tiempos estresantes afectaron la salud mental de todos. Mi hermana no fue una excepción y en un acto irracional, que nuestros padres no pudieron controlar. Expulsó a Ticha y Patty del único hogar que habían conocido.

Afortunadamente Miriam se enteró de eso casi de inmediato y les envió ayuda financiera. Ticha y Patty se refugiaron en una iglesia, es importante decir que la iglesia no podía ofrecer seguridad a nadie en ese momento. Es al mismo tiempo que un escuadrón de la muerte había asesinado al arzobispo Romero. El país estaba a las puertas de una guerra civil que duraría más de 12 años.

Ticha y Patty luego de residir en la iglesia por unos días iniciaron su emigraron donde Miriam. Pudieron viajar a México casi sin problemas más que alguna que otra solicitud de soborno o acoso por parte de algunos hombres.

Algo que Ticha podría manejar bien. Fue en el proceso de cruzar el desierto de Arizona cuando la situación se complicó. El pequeño grupo de inmigrantes quedó varado a medio camino del desierto. El coyote que llevaban de guía abandono al grupo de inmigrantes. 

Ticha tomo liderazgo y gracias a la experiencia en su juventud pudo guiar al pequeño grupo de migrantes por el desierto. Ticha podía orientarse por las estrellas así que instruyo a grupo de descansar durante el día para prevenir el calor y conservar la limitada agua que tenían.  Después de unos días el pequeño grupo de inmigrantes encontraron una carretera. De esos milagros de la inmigración una pareja de ancianos en un camión los encuentro’ y les ofrece llevarlos a la ciudad cercana donde Patty pudo llamar a su hermana, quien organizo su viaja a Los Ángeles. 

La última vez que vi a Ticha fue en 1998 en Los Ángeles. Me dijo que era feliz. Me comento que sentía orgullosa del éxito de sus hijas y nietos. Cuando le pedí tomarle fotos, no me lo permitió y las que le tomé sin su permiso no salieron. Ticha sólo quería que tomara fotografías de la casa donde vivían su hija y sus nietos. Ticha quería contarme de sus hijas y nietos lo orgullosa que se sentía de Nelly Miriam y Sandra Patricia, de sus nietos y su yerno que la apreciaban. Le hizo gracia conocer a mi esposa canadiense a quien llama por su nombre, pero lo hispanizo.  Allí me quedó claro lo inteligente que era Ticha, no sólo reconoció el nombre en inglés, sino que también lo tradujo.

Antes de concluir mis recuerdos de Ticha, quiero decir algo que me ha incomodado durante muchos años.

Cuando era niño, cuando mis tías y tío se burlaban de mí por mi relación con Ticha y sus hijas.  Sus burlas me hacían no querer afiliarme a ellas como parte de mi familia. Lo que no era más que la ignorancia de un niño que no sabe nada de la vida. La verdad es que hoy y desde hace muchos años he considerado a Ticha y a sus hijas como mi familia, si es que me aceptan. 

Considero que Ticha y sus hijas son más cercanas a mí que muchos de mis parientes consanguíneos. Porque al no recibir nada dieron amor sin reservas, ni egoísmo o límites.

Me corresponde decir que hay una culpa histórica en mi familia por lo que sufrió Ticha por lo que le hicimos mis abuelos, mis padres, mis hermanos y yo o lo que simplemente dejamos de hacer por cobardía o por comodidad.

Esa última vez la vi hablando en el portal de su casa en Los Ángeles de la que Ticha estaba tan orgullosa. Le pedí perdón lo que mi familia le había hecho. Si el tratamiento psiquiátrico fue medieval, y medieval es el concepto de “hijos de crianza”. El privilegio del hijo mayor de hablar en nombre de la familia también es medieval, por tanto, en mi calidad de hijo mayor. Le pedí perdón por lo que le habían hecho mis antepasados y contemporáneos.

Ticha acariciando mi cabeza me dijo que ella nos había perdonado hacía muchos años. Entonces me di cuenta de lo grande que es su corazón. Si alguna vez he querido decirle a alguien que la quiero mucho y no he sabido cómo hacerlo es a Ticha.

Leticia Soto (La Ticha) murió pacíficamente a los 98 años en Los Ángeles California rodeada de sus hijas, nietos y bisnieto. 

Descanse en paz querida Ticha la tía que no fue.


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