La casa de mi niñez en Chinameca
La casa donde viví los primeros diez años de mi niñez fue construida a principio del siglo XIX por conquistadores españoles. Era una de esas casas enormes que cuando fue construida su superficie cubría tres cuartos de la cuadra. En algún momento en los años treinta la propiedad original fue dividida en tres distintas casas de las cuales dos pertenecían a mis abuelos.
La más grande la llamábamos ‘la casa de abajo’ era donde mi padres y hermanos vivíamos. La más pequeña la llamábamos ‘la casa de arriba’ ahí vivían mis abuelos, los padres de mi mamá. Ambas casas estaban localizadas en la misma cuadra, una a la vuelta de la esquina de la otra y entre ellas la tercera propiedad que formaba la esquina. Las tres viviendas vistas en su conjunto resemblaban lo que alguna vez había sido una quinta colonial.
La cuadra completa era de aproximadamente de unos ciento cincuenta metros por lado. Si uno iba de la casa de abajo a la casa de arriba caminando por la calle había cien metros de distancia entre ambas casas. Sin embargo, las propiedades estas estaban interconectadas entre sí por sus patios traseros.
La ciudad se desarrolló desde las faldas del volcán, extinto desde hacía más de mil años. Por lo que la casa de arriba y la casa de abajo estaban en diferentes niveles. La casa de arriba tenía su frente hacia el este, ubicada a la mitad de la pequeña cuesta de la calle que conduce al parque o plaza central.
Al este del parque esta la iglesia principal, al sur el edificio del mercado municipal, al oeste el edifico de la alcaldía municipal y contiguo los tribunales frente a estos sobre la calle que conduce al cementerio estaba el “Club de Leones”. Al norte había casas privadas y algunos negocios.
La Casa de Arriba
La casa de arriba tenía su planta principal al nivel de la calle era la sala que se extendía a lo largo del ancho de la casa. En seguida había un amplio pasillo y contiguo a este dos amplias habitaciones. Una de ellas usado por mi abuela como su taller de hacer flores y vestidos. El otro era el dormitorio de los abuelos. Ese era el punto más alto de la propiedad. Luego de una serie de escalones la casa se extendía a un corredor donde había una sala familiar, y contiguo a este otro dormitorio. En ese dormitorio vivía Alba Romero, inquilina de los abuelos. Alba era originaria de Jucuapa, un pueblo a unos cinco kilómetros al oeste de Chinameca. Durante la semana trabajaba en los juzgados de Chinameca y vivía en la casa de mis abuelos. La casa continuaba con un corredor que se abría aun amplio espacio donde se encontraba el comedor, que sentaba a unas diez personas. Frente al comedor había un jardín y al fondo del jardín estaban los baños principales. La estructura continuaba hacia el oeste donde después de otro tramo de escalones estaba la cocina. Frente a la cocina y el corredor bajando unos escalones estaban las dependencias de servicio y atravesando otro pequeño jardín se encuentran los baños de servicio y lavandería. Finalmente, en el punto más bajo, de la propiedad había un patio cementado rodeado de macetearas, jardineras, plantas y muebles de jardín que en su punto oeste marcaba el final de “la casa de arriba”. A ese espacio se le llamada “el arco” por una estructura de ladrillos y mampostería que separaba la casa de arriba de la casa de abajo. Al tope del arco había una estatua de un angelito viendo hacia la casa de abajo. La estatua del ángel tenía las alas quebradas, le faltaban parte de un brazo y un pie. La estatua había sido rescatada de entre los escombros de la iglesia después del terremoto de 1951.
La Casa de Abajo
La “casa de abajo” era muy espaciosa había sido la construcción original de donde las otras viviendas se habían extendido. La casa se caracterizaba por el enorme corredor que envolvía el patio central.
El frente de la casa se orientaba al norte. La casa había sido construida con muros y paredes muy gruesas de adobes (bloques hechos con mezcla de barro y arcilla) revestidos de yeso, sus techos de tejas de loza y barro horneado con cielos falsos de madera le daban frescura a toda la vivienda. Sus ventanas eran muy altas, sus puertas de doble espesor muchas de ellas hechas de una sola pieza de madera.
Todas las ventanas y puertas, tanto las que daban a la calle como las que daban al interior del corredor eran de madera sólida, con excepción un conjunto de puertas al estilo francés, con paneles de vidrio, que separaban el vestíbulo de la sala y el corredor que rodeaba el patio central.
La casa se extendía a lo largo de unos cien metros de este a oeste en la parte plana del terreno. Al oeste estaba el garaje, que en un tiempo había sido la entrada de caballos y carruajes, para entonces albergaba el camión de trabajo un Ford 1954 de dos tonos de verde, con el que se transportaba café desde la finca. También había un Jeep Willis 1947 rojo descapotado, y el vehículo familiar un Chevrolet impala 1955 azul y blanco.
La pared oeste del garaje era el muro divisorio que recorría toda la propiedad de norte a sur desde la calle hasta la parte donde la propiedad terminaba. El muro dividía la casa de la propiedad vecina, que en ese tiempo era un solar baldío, donde los dueños habían permitido a la familia Guillen construir una pequeña casa a cambio de mantener el predio baldío limpio de arbustos y basura.
El muro divisorio hecho de abobe revestido originalmente de yeso y posteriormente de cemento era muy alto, de unos cinco o seis metros de altura, y de unos 60 centímetros de espesor. En su parte alta habían incrustadas botellas quebradas para prevenir que se escalara, aunque con el paso del tiempo, muchos de los vidrios quebrados habían perdido su propósito.
El garaje era también era la entrada de los trabajadores que conducía directamente al patio central. En la misma dirección y construida usando el muro divisorio como pared trasera había una pequeña estructura con techo y medias paredes donde funcionaba una cocina que tenía una estufa de barro con seis quemadores, alimentada con leña, junto a la estufa había el único horno en ambas propiedades. Era un horno artesanal de barro con un fogón central que no recuerdo nunca haber visto operar.
A ese espacio se le llamaba la “cocina de los trabajadores” porque durante la época de cosecha era esa la cocina donde se preparaba la comida de los jornaleros, peones y empleados. Esa cocina era también la cocina que se utilizada cuando había fiestas, reuniones y celebraciones familiares ya que por el tamaño de su estufa y horno era la única que podía lidiar con largos volúmenes de comida.
Para la comida diaria cada casa tenía su propia cocina un tanto más pequeña ubicada adyacente a sus respectivos comedores.
Al oriente del garaje donde comenzaba el corredor, un amplio espacio que rodeaba y envolvía toda la casa, el patio y sus jardines. Junto al garaje, dividido, por una pared estaba la sala, una habitación espaciosa con muebles grandes y lo que una vez fue una chimenea para entonces un pequeño jardín seco. La sala tenía un balcón y dos ventanas que daban a la calle. En la pared sur de la sala, que daba al corredor y al patio, había amplia ventana.
Junto a la sala estaba el vestíbulo y la entrada principal de la casa. Al lado del vestíbulo había cuatro habitaciones una después de otra. Cada una de esa habitaciones tenía una puerta y una ventana al interior y una doble puerta al exterior. Las puertas que daban a la calle estaban hechas de tal manera que la mitad superior podía abrirse como ventana, aun mas y la mitad superior de las puertas también tenían pequeñas ventanas con compuertas las ventanitas eran protegidas por barras de hierro. Permitiendo que estuvieran permanentemente abiertas.
El primero de los cuartos, al otro lado del vestíbulo, era donde funcionaba la imprenta de mi abuelo. Adjunto a este estaban el resto de las habitaciones que fungían como dormitorios. El dormitorios adjunto a la imprenta era donde dormíamos los niños. El dormitorio de los niños estaba divido en dos partes, usando como divisiones, armarios de guardarropas, lo que proporcionaba privacidad a mi hermana, quien compartía el cuarto con sus tres hermanos. Contiguo al dormitorio de los niños estaba el dormitorio de mis padres. Contiguo al dormitorio de mis padres estaba lo que llamábamos el tercer dormitorio una habitación reservada para huéspedes. Los dormitorios tenían puertas al centro de la habitación lo que permitía que estuvieran interconectados. Todas las puertas de interconexión se mantenían permanentemente cerradas excepto la que conectaba el dormitorio de los niños con el de nuestros padres. La entrada principales de cada dormitorio era la puerta que daba al corredor. El corredor fungía como sala familiar donde por lo general había hamacas y muebles de mimbre y disfrutar de la frescura de los jardines y el patio.
El patio poseía una gran variedad de árboles frutales, incluyendo un narango, un limonero, un gigantesco árbol de mango, una parra de uvas, un arbusto de jocote, y otros árboles y arbustos ornamentales. Había toda una sección del jardín donde se cultivaban una gran variedad de rosales.
En el extremo oriental del corredor, formando una “L”, estaba el comedor que aun cuando era parte del mismo corredor se separaba con unos arcos de madera torneada lo que le daba la sensación de ser una habitación separada. La meza del comedor acomodaba doce personas, en la pared este del comedor había un armario con los platos y cubiertos tanto los de uso diario como los que se utilizaban en ocasiones especiales. Al lado del comedor estaba la cocina principal con una estufa de leña y donde parecía que siempre habían colgadas hierbas y ramos de frutas.
El corredor continuaba hacia el sur, un tanto, más estrecho, al lado de la cocina hacia se encontraban tres habitaciones dos de ellas servían de dormitorios del personal de servicio La tercera era usado por los niños como salón de juego y junto a eso cuartos “el arco”. Cada habitación tenía una puerta al centro y ventanas a cada lado.
El patio continuaba varios metros al sur. Donde antiguamente habían estado las caballerizas, para entonces eran bodegas de almacenamiento donde se guardaba maquinaria grande, como la guillotina de papel, y muebles viejos. Las bodegas cubrían casi todo el muro trasero que dividía la casa con la del vecino al sur. Junto a las bodegas, al extremo oeste, estaban los baños y lavanderías, sombreado por el árbol de mango.
El área del "arco" permitía el movimiento de adultos y niños entre las casas, haciendo que la visita fácil, cómoda y segura sin necesidad de salir a la calle.
El muro que alguna vez había sido la barrera entre las casas cuando la propiedad tenía diferentes propietarios había sido retirado en algún momento de la década de los años treinta cuando la casa de abajo había sido sala de cine y la casa de arriba residencia.
Aunque las viviendas fueron reconstruidas nunca recuperaron su lujo original.
La Ciudad
San Juan Chinameca esta al pie de un volcán prehistórico conocido como el “Cerro el Limbo” o “Volcán Chinameca”. Forma parte de la cordillera “Tecapa Chinameca” que es la misma cordillera que en Norte América forman Las Montañas Rocallosas y en Sur América Los Andes.
Es un pequeño poblado en el departamento de San Miguel, El Salvador, fundado oficialmente en 1853, año en que el asentamiento fue reconocido como ‘Pueblo’ por el gobierno central bajo el nombre de San Juan Chinameca. La corona española había reconocido el asentamiento unos dos cientos de años antes, cuando había "cristianizado" a los aborígenes que allí vivían.
El poblado ha sido testigo de actividad humana y ha sido un asentamiento más o menos permanente por más de dos mil años.
Los pobladores originales eran los miembros de una tribu “Lenca” llamada “Yusique”, nombre en la lengua “Potón”, de la familia de los pueblos lenca. Posteriormente como efecto de múltiples migraciones el nombre cambió a “Chinameca” en la lengua náhuatl de la familia de los mexicas que significa lugar donde hay chinamas (casas) en náhuatl, es decir, un poblado.
Entre 1545 y 1605 llegaría el cristianismo y con ello el cambio de nombre del pueblo introduciéndole un santo patrón: San Juan Bautista, de ahí el nombre San Juan Chinameca. El asentamiento original, “Yusique”, mantuvo el nombre “Potón” para entonces convertido en un barrio.
Con una rica historia Chinameca está ubicada en un valle al pie del volcán prehistórico extinto. Para el siglo XIX era un importante centro de tránsito hacia la parte este del país.
La siembra del café que había iniciado en 1815, cuando los últimos resabios de ejidales aborígenes fueron destruidos dio al pueblo una sensación de progreso y riqueza.
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