Recuerdos de mis clases de inglés: Bulla Mustakys la estudiante de mayor edad.
Mi familia, y la de Francisco recibimos sendos permisos ministeriales para venir a Canadá como refugiados patrocinados por el gobierno. Nuestros trabajos como abogados de derechos humanos nos habían convertido en blanco de los escuadrones de la muerte que en ese tiempo operaban en El Salvador. Para protegernos, el gobierno canadiense patrocinó nuestra inmigración. Poco después de nuestra llegada, y gracias a los contactos locales que teníamos por nuestro trabajo con la Tutela Legal del Arzobispado, organizaciones como el Centro Jesuita para la Justicia Social y el Comité Inter Eclesiastico para los Derechos Humanos en América Latina, pudimos conectarnos con grupos de solidaridad. Gracias a esas relaciones, conseguimos una casa donde las dos familias viviríamos juntos en comunidad, la comunidad no funcionó, pero eso es para otra historia. Nuestro nuevo hogar en Toronto estaba en un vecindario de la avenida Jones, cerca de la avenida Danforth, en lo que se conoce como el barrio griego. F...