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Atecozol

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El río Atecozol es un caudaloso río que nace del volcán Izalco, el volcán más joven del mundo. El nombre del volcán significa, en náhuatl, «lugar de arenas negras» o «lugar de obsidiana» (itz = obsidiana, calli = casa/lugar). Con una altura de 1950 metros sobre el nivel del mar y una inclinación de aproximadamente 45°, este volcán permanece activo, y su imponente presencia se alza orgullosa entre la densa vegetación que lo rodea. A lo largo de su curso, el río se alimenta de manantiales naturales, conocidos por su agua fresca y cristalina. Estos manantiales le proporcionan un caudal frío y constante durante todo el año. Al pie del volcán se encuentra el pueblo homónimo: Izalco. Un lugar rico en historia, habitado por seres humanos desde hace más de 2000 años. Izalco fue fundado originalmente por la nación Pipil un grupo indígena mesoamericano que reside principalmente en el oeste y centro de El Salvador. Hablan el náhuatl, una lengua en peligro crítico de extinción, y alguna vez formar...

Pulvis es et pulvis reverteris

(Del latín: «Polvo eres, y al polvo te convertirás».) Para quienes siguen la fe cristiana, hoy es Miércoles de Ceniza, un día solemne que marca el inicio de la Cuaresma: siete semanas de oración, ayuno y obras de caridad que conducen a la Pascua, la semana sagrada que conmemora el martirio y la resurrección de Cristo. Recordar qué día es hoy me trajo a la mente un vívido recuerdo de cuando tenía unos siete años. Estaba visitando a mi abuelita Carmen en San Salvador. Mi abuela era católica profundamente devota. Normalmente atendía a la parroquia de la colonia donde vivía, pero durante las celebraciones especiales visitaba una antigua iglesia en el centro al costado del mercado. La Iglesia del Calvario, reconstruida en la década de 1920 en un impactante estilo gótico, surgió de las cenizas de la estructura original de 1660, destruida por un gran incendio y devastadores terremotos que casi arrasaron la ciudad. Para muchos, la iglesia era majestuosa. Para mí, era aterradora. Me daba pavor ...

Amor en Tiempos de Guerra Condenado a Concluir en Lagrimas

 Esa mañana él entró en su oficina, ella ya estaba esperándolo. Se levantó al verlo acercarse y, al estrecharse la mano, su apretón fue firme, inmediatamente comendaba seguridad. Ella le dijo su nombre presentándose. Tenía el pelo rubio con destellos rojizos, trenzada con pulcritud hasta sus caderas. Los ojos verde grisáceos reflejaban inteligencia y desafío. No llevaba maquillaje, vestía una falda larga azul y una blusa blanca bordada al estilo tradicional local. Su impecable castellano lo sorprendió, claro, pausado, con un ligero acento que solo podía ser que lo había aprendido en España y muy joven. Por un breve instante, guardó silencio, entre la admiración y la compostura profesional. Luego, recuperando la voz, preguntó: "Bienvenida. ¿En qué puedo servirle?". Ella esbozó una pequeña sonrisa cómplice, entre divertida y desafío e inicio a contarle su historia. Explicándole que era trabajadora voluntaria con un grupo de extranjeros que ayudaban a sobrevivientes del terremot...

El privilegio de conocer a dos santos y no saberlo

 Conociendo al Primer Santo  En 1978, era yo un joven estudiante de derecho, y comencé a trabajar como voluntario en el departamento legal de la Oficina de Derechos Humanos de la Arquidiócesis, entonces conocida como “Socorro Jurídico”. Para muchos de nosotros, el voluntariado era una forma de adquirir experiencia práctica en procedimientos legales, investigación y documentación. La Facultad de Derecho promovía entre los estudiantes a buscar lugares donde podíamos practicar y desarrollar nuestras habilidades profesionales. Como voluntarios, los estudiantes de primeros años, no participábamos directamente en la defensa de los derechos humanos; esa responsabilidad recaía en un equipo dedicado de abogados y estudiantes de últimos años. Nuestra función era principalmente investigación y documentación. Muchos trabajábamos a tiempo completo mientras estudiábamos también a tiempo completo, lo que limitaba las horas que podíamos dedicar al voluntariado. En mi caso, contribuía en las m...

Entre la vida y la muerte: La madrugada que nació mi primer hijo

 Desde el asesinato del arzobispo Óscar Romero en marzo de 1980, El Salvador se encontraba bajo un estado de sitio permanente. La dictadura militar, a través de la Asamblea Legislativa, había decretado la suspensión de las libertades civiles, despojando a la población de derechos fundamentales infundiendo miedo en la población. Durante el estado de sitio se aplicaba un estricto toque de queda entre las seis de la tarde y las seis de la mañana. Cualquiera que fuera sorprendido en la calle a esas horas corría el riesgo de ser fusilado. Ese el contexto en que me casé y en el que nació mi primer hijo, en diciembre de 1981. Eran alrededor de las dos de la madrugada cuando Ana María me despertó y me dijo que el bebé estaba en camino. Ninguno de los dos tenía experiencia en lo que nos estaba pasando. Éramos recién casados y quien llegaba era nuestro primer hijo. Su embarazo había sido saludable, pero estuvimos preocupados debido a un aborto espontáneo que había sufrido unos meses antes. E...

Un jueves en mayo

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Como todos los jueves por la mañana. Estaba yo en la cocina, haciendo lo que solía hacer a esa hora: tratar de llamar a mi mamá. Era mi costumbre llamarla cada jueves para oír su voz, y asegurarme de que estaba bien. Esa mañana, llamé a la casa donde vivía (llamar la casa como una residencia de ancianos o asilo, sería exagerar) nadie me contestó. Esperé un poco y volví a llamar nada. Eso me preocupo un poco, y llamé a mi hermano para preguntarle si tenía noticias de mi mamá. Mi hermano tampoco contestó. Que tampoco el me contestara me preocupo mas sentí un poco de aprensión. Sin embargo, lo ignoré.  Entonces, de repente, el reloj que colgaba de la pared de la cocina se estrelló contra el suelo. El cristal se hizo añicos contra las baldosas y las manecillas volaron en direcciones opuestas. El sonido fue tan agudo, tan definitivo, que me dejó atónito. Me quedé allí un momento, intentando comprender que era lo que había pasado.  Una ráfaga de viento de principios de primavera, me...

Recuerdos del tiempo de la inocencia

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En septiembre de 1975 sería el año en que comenzaría mi educación universitaria. Como requisito previo para ser aceptado en las diferentes facultades, los estudiantes debíamos asistir a un curso de preparación bajo el termino genérico de “orientación.” Se impartiría entre mayo y agosto antes del ingreso a nuestras respectivas facultades del semestre que iniciaría en septiembre. La orientación se impartía tres veces por semana, de las seis a las ocho de la noche.  El propósito de la orientación era preparar a los nuevos estudiantes para los rigores de la vida académica, apoyándonos en la complejidad de la educación superior. Los temas no eran académicos en sí, sino que buscaban facilitar el aprendizaje. Por ejemplo, explicar qué era una catedra, cómo tomar apuntes, cuáles eran los requisitos para entregar un ensayo, e incluso cómo pedir prestados libros de la biblioteca o el uso del “Kardex” (un sistema para encontrar libros en la biblioteca). En ese tiempo trabajaba a tiempo comple...